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lunes, octubre 08, 2007

Transfusion


Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un hospital de Stanford, conocí a una niñita llamada Liz, que sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.


El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a darle su sangre. Yo lo vi dudar por un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: "Sí, lo hare si eso salva a Liz"


Mientras la transfusión se hacía, él estaba acostado en una cama al lado de su hermana muy sonriente, mientras nosotros los asistíamos y veíamos regresar el color a las mejillas de la niña. De pronto el pequeño se puso pálido y su sonrisa desapareció.


Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: "A qué hora empezaré a morir?"


No había comprendido al doctor: pensaba que tendría que darle toda su sangre a su hermana. Y aun así había aceptado.


Juan 15:13Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.


Marcos 12:33y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.


Mateo 20:28como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.