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miércoles, diciembre 19, 2007

Antes de...


Antes de hablar, escuchemos.


Antes de escribir, pensemos.


Antes de gastar, ganemos.


Antes de invertir, investiguemos.


Antes de criticar, esperemos.


Antes de orar, perdonemos.


Antes de rendirnos, intentémoslo.


Antes de jubilarnos, ahorremos.


Antes de morir, demos.


William Arthur WardFuente: http://www.asamanthinketh.net/


El breve poema que hoy les enviamos tiene todo el potencial para ponernos a meditar no sólo en la naturaleza de nuestras acciones, sino también en la motivación detrás de cada una de ellas.


Recuerdo haber leído en algún lugar la comparación de varios documentos famosos de la historia; se contrastaban el Sermón del Monte, el Discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln, y otros.


Lo que se resaltaba era que, cuando Dios habla, no hacen falta muchas palabras… y cuando no lo hace, por más palabras que utilicemos,


¡será por el gusto!


Que el pensamiento de hoy, tan breve como es, nos lleve a hacer ajustes a nuestra manera de vivir.


Que Dios les bendiga.


Raúl Irigoyen.


Porque en ti está la fuente de la vida, y en tu luz podemos ver la luz. Salmo 36:9Ésta es la oración al Dios de mi vida: que de día el Señor mande su amor, y de noche su canto me acompañe. Salmo 42:8

viernes, diciembre 07, 2007

La Camisa


Paco de 8 años, entró en su casa, después de clase, pisoteando fuerte. Su padre, que se dirigía al fondo, al verlo entrar, lo llamó para una hablar. Paco lo acompañó desconfiado.


Antes que su padre hablara algo, Paco dijo irritado: - Padre, estoy con muchísima rabia. Joaquín no podría haberme hecho lo que hizo. Su padre, un hombre sencillo pero sabio, escuchaba a su hijo mientras ese seguía con su reclamo.


- Joaquín me humilló delante de mis amigos. ¡Me gustaría que le pasase algo malo!


El padre escuchó todo callado mientras caminaba buscando una bolsa de carbón.


Llevó la bolsa hasta el fondo y le dijo a Paco: - Hijo, quiero hacerte una propuesta. Imaginemos que aquella camisa blanca que está en el tendal es tu amigo Joaquín y que cada trozo de carbón es un pensamiento malo que tu le envías. Quiero que tires todo ese carbón en la camisa, hasta el último trozo y dentro un rato vuelvo para ver como quedó.


Al niño le pareció un divertido juego, la camisa estaba colgada lejos y pocos trozos acertaban al blanco.


El padre que miraba todo, le preguntó:


- Hijo, ¿como estás ahora? - Estoy cansado, pero feliz porque acerté muchos trozos de carbón en la camisa.


El padre miró a su hijo, que no entendía la razón de aquél juego, y dijo:


- Ven, quiero que veas una cosa. El hijo fue hasta el cuarto y se miró en un gran espejo.


¡Que susto! Paco solo conseguía ver sus dientes y ojos. Su padre, entonces, le dijo:


- Viste que la camisa casi no se ensució.... pero fíjate en ti mismo. Las cosas malas que deseamos a los otros son como lo que te pasó a ti. Aunque consigamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos de esos se quedan siempre en nosotros mismos.


Mateo 5:44Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;


Lucas 6:31Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.