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martes, diciembre 11, 2007

El Roble


En la plaza central del pueblo debían quitar un gran roble, el enorme árbol, que con el paso de los años se había convertido en un símbolo del lugar.


Hasta en el escudo del pueblo se dibujaba su silueta. El roble se había enfermado de un extraño virus. Corría el riesgo de caerse y de contagiar a los árboles más cercanos. Ya se había hecho todo lo posible por salvarlo y la triste determinación de derribarlo provocaba en los vecinos una profunda sensación de impotencia.


No es fácil determinar la causa de un problema y no es el camino más agradable tomar la decisión de solucionarlo.


Los leñadores llegaron una mañana con sierras automática y hachas. Los vecinos se reunieron en la plaza para presenciar su caída. Esperaban oír el estrépito producido por el choque del inmenso árbol contra el suelo. Suponían que los hombres empezarían a cortarlo por el tronco principal en un lugar lo más pegado a la tierra. Pero en vez de ésto los hombres colocaron escaleras y comenzaron a podar las ramas más altas.


En ese orden de arriba hacia abajo cortan desde las más pequeñas hasta las más grandes. Así cuando terminaron con la copa del árbol, sólo quedaba el tronco central, y en poco tiempo más aquel poderoso roble yacía cuidadosamente cortado en el suelo.


El sol, ahora cubría el centro del parque, su sombra ya no existía, era como si no hubiera tardado medio siglo en crecer, como si nunca hubiera estado allí. Los vecinos preguntaron por qué los hombres se habían tomado tanto tiempo y trabajo para derribarlo. El más experimentado leñador explicó: cortando el árbol cerca del suelo, antes de quitar las ramas, se vuelve incontrolable y en su caída, pueden quebrar los árboles más cercanos o producir otros destrozos. Es más fácil manejar un árbol cuando más pequeño se le hace.


El inmenso árbol de la preocupación, que tantos años ha crecido en cada uno de nosotros, puede manejarse mejor si se lo hace lo mas pequeño posible. Para lograrlo, es aconsejable podar en principio, los pequeños obstáculos que nos impiden el disfrutar de cada día y así ir quitando el temor de que en el intento de librarnos de éstos y mejorar, todo se derrumbe.


En ese orden, quitando del comienzo los pequeños problemas podemos, gradualmente ir llegando al tronco principal de nuestras preocupaciones. Para cambiar hay que realizar una tarea a la vez, quitar las ramas de la preocupación de una en una, ocuparnos y no preocuparnos.


Reconocer nuestros errores y tener el valor para enfrentarlos, establecer las prioridades y los objetivos en la vida y mantener una verdadera determinación para librarnos poco a poco de todo el peso que nos impide trabajar, crecer, disfrutar y vivir, transformando nuestras ansiedades, miedos y preocupaciones en coraje, esperanza y fe.


"Con el paso de los años he aprendido que nada en la vida es irremediablemente trágico; hasta una lágrima al resbalar por la mejilla hace cosquillas."


1 Pedro 5:7Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.


Salmos 138:7Cuando ando en medio de la angustia, tú me vivificas;


Salmos 118:5Desde la angustia invoqué a Dios, y me respondió, poniéndome en lugar espacioso.

miércoles, marzo 21, 2007

Huellas

Cierta noche un hombre tuvo un sueño. Soñó que caminaba en la playa con Jesucristo.

A través del espacio pasaban escenas de su vida.En cada escena se dejaban ver dos pares de huellas sobre la arena...Un par de huellas eran las suyas, el otro par eran las de Cristo.

Cuando la última escena de su vida pasó ante sus ojos volvió la vista a las huellas sobre la arena...Notó que muchas veces en la senda de su vida había solo un par de huellas. Notó además que esto sucedía en los momentos más tristes de su vida.Se propuso preguntar al Maestro. "Señor, cuando decidí seguirte, Tú también me prometiste caminar conmigo por todo el camino; pero he notado que en los pasos más difíciles de mi vida, solo se dejaban ver un par de huellas. No comprendo por que, en los momentos en que mas te necesitaba, me abandonaste."

El Señor contestó: "!Mi amada y preciosa criatura! te amo infinitamente y nunca jamás te dejaré en tiempos de tribulaciones y sufrimientos. Donde ves en tu senda solo un par de huellas, son las mías cuando te llevaba en mis brazos."

Hebreos 13:5
Sean las costumbres vuestras sin avaricia; contentos de lo presente; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.